El segundo sacrificio...

“Korban shloshim”, o sacrificio de la paz, en el cual la mayor parte del sacrificio debe ser comido por la persona que lo llevó. Parte de la carne iba para los Cohanim y parte de el se consumía en el altar, pero el que más se beneficiaba era el que lo llevaba.

El Jafetz Jaim compara este sacrificio con la persona que se acerca Hashem con un “bakasha”, una petición. La persona está con mucho sentimiento haciendo el servicio a hashem, pero mientras Lo sirve, espera ganar méritos que le traigan una vida buena y justa. Espera recibir de Hashem la capacidad intelectual para aprender Tora, espera tener larga vida, una buena pareja y un buen matrimonio, hijos sanos, todo lo que necesite para mantenerse en una vida llena de Tora y Mitzvot. 

El Jafetz Jaim nos recalca que esto también es un hermoso camino a la espiritualidad. El hecho de que todavía hay un amigo más elevado que este, no lo convierte en una forma negativa de acercarse a Hashem.

Se adapta a muchas más personas que la primera manera que vimos ayer, y se vuelve en un trampolín para aquellos que en algún momento servirán a Hashem solamente por amor a El. 

El error más grande sería no hacer ningún servicio por que uno no puede todavía hacerlo en el mejor nivel.

Si alguien siente eso en algún momento, que sepa que es el Yetzer hará en vivo y directo, buscando evitar su acercamiento a Hashem y su elevación espiritual.

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